jueves, 19 de diciembre de 2013

Y ahora...


Las lágrimas se deslizan ávidas por sus mejillas, delatando su sensible modo de entender el mundo. Un mundo incierto y que ha golpeado con toda dureza su universo inmediato. Desde la ventana observa el silencio de la tierra. Se agarra fuerte a las sábanas como si esta estrategia fuera a devolverla al ayer y entonces las lágrimas se convierten en aguacero. La soledad, entra sin llamar, la habitación impersonal y aséptica ya no es refugio seguro. Nuevas caras, nuevas voces, quizás otros cuerpos que abrazar o esquivar y el recuerdo como único ungüento para sobrevivir.
Un microrrelato de Ana Muñoz Cubero.

viernes, 13 de diciembre de 2013

Seguiré buscándote

Me miro al espejo y cada vez me parezco más a ti. Toco los surcos de mis crecientes arrugas y recorro tu piel. Me enfado con las huellas que la decadencia imprime, día a día en mi piel y siento tu presencia cerca, muy cerca. Cierro los ojos, fuerte, intento no moverlos y busco en esa oscuridad, tu cara. La cara que un día me miró por primera vez y seguro no ha dejado de hacerlo. Recuerdo mi mano teniendo la tuya, apretando tu miedo y enmascarando el mío. Busco en frascos antiguos tu olor. No quiero que pasen los días sin recordarte. No quiero que la desmemoria te borre. Eres un cuadro inacabado, en eterno proyecto. En febrero, cuando la muerte se enamora de los buenos, hará diez años cargados de horas y silencios que no te tengo. En febrero, cuando se va despidiendo el invierno y asomen nuevos tonos verde, seguiré buscándote. 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Nueve veces no

Habíamos perdido toda la esperanza, el barco se hundía irremediablemente, los marineros, con desgana la mayoría, achicaban el agua como podían, mientras por los rincones, grupos de ratas sin piel roían las bases aún sólidas, mirando de reojo y en silencio, siguiendo servilmente las órdenes de la peor de las harpías. Fea y rancia del rencor que a borbotones emanaba por sus ojos. Lentamente sucedió.
La tormenta fue apaciguando su látigo feroz y las plegarias fueron escuchadas. Emergió la luz de entre las tinieblas, abriéndose paso ante el mal. Al principio lentamente, pero paso a paso, asegurando cada rayo, cada brizna. Y se quedó, aunque no el tiempo suficiente para ver finalizada su obra: La conquista de un barco a la deriva en sesenta noches... y no es un sueño repetido nueve veces, No.                                                                                       
Un microrrelato de Maica González Serrano.


martes, 10 de diciembre de 2013

Medallas al Trabajo

Rescatamos un fragmento de un artículo de Antonio Media de Haro, profesor de Lengua y Literatura en el IES Cristóbal de Monroy, el pasado 6 de diciembre hubiera cumplido 77 años. Cuánta verdad en sus palabras. Quienes tuvimos la suerte de disfrutar con sus enseñanzas, no lo olvidamos. Aquí va este homenaje a título póstumo. 

…Vaya por delante una sentencia cargada de perogrullismo: trabajar cuesta trabajo. Ahora bien, yo creo que cualquier trabajo lleva aparejada la vocación -sea en lo que sea- o llamada a la solidaridad, debida a los demás, y la  correspondencia a una sociedad que nos necesita. Mi trabajo, para mi, no tiene mas compensación -aparte de al económica- que la construcción esmerada y cuidadosa del edificio cultural e intelectual de mucha juventud trabajadora y a la vez estudiosa. Si lo hago con esmero siento que estoy haciendo hombres y mujeres mejores. ¿Acaso es poca satisfacción? no quiero más que verme recordado sino porque no pasé estérilmente por los campos del espíritu de tanta gente. No creo que haya que inventarse medallas, porque esto es proponer la recompensa facilona y es como premiar lo que, en definitiva, es una obligación. Siempre nos estamos inventando las formulas para comprar al hombre: medallas, comisiones, primas y todo tipo de chantajesa la voluntad limpia y pura que éste tiene. Yo no quiero más medallas que un... pasó por aquí y prendados los dejó de su hermosura.
De Antonio Medina de Haro.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Heróico Hurto

Con la cabeza baja, solo, como un brujo que con alevosía planifica sus hechizos, oía el veredicto que un Juez de aspecto orondo y bonachón dictaba por su heróico hurto. Entretanto, Luis, buscaba algo a lo que asirse dentro de los bolsillos de su pantalón vaquero sin hallar más que su larga lista de meteduras de pata y aprendida desobediencia. Mentalmente, el joven repasaba cómo alunizó con aquel lujoso BMW contra la Joyería Millet y cómo, en cuestión de segundos, el espacio se llenó de sirenas, de un gran haz de luz y enérgicos gritos. Sólo tuvo tiempo de agarrar una gargantilla de oro blanco y diamantes. Fin de la historia. Sus hermanos pequeños, los impertinentes gemelos  no tendrían la prometida Play Station 4 como regalo de cumpleaños. 

Un microrrelato de Ana Muñoz Cubero.

domingo, 1 de diciembre de 2013

J, joven promesa


Cada mañana se levantaba con la firme decisión de vivir. Vivir del mejor modo y con una factura de coste cero; cero esfuerzo y cero sinceridad. Mentir su principal arma y su combustible ante una meteórica carrera en la que, a zarpazos, dando disimulados pero contundentes codazos, llegar a hasta los primeros puestos. En su curriculum vitae, la información estrella, un Máster en habilidades varias y entre ellas, su certera artimaña de entrar de lleno en la vida del otro. Así era J, joven promesa que tras su máscara de ejecutivo infalible, escondía los dientes de un tiburón hambriento. Ese hambre ancestral la sació sin pudor, a dentelladas, sin asco a las vísceras y sin temor al remordimiento de conciencia. Con la conciencia no se aumenta la cuenta corriente pensaba J cada mañana al mirarse al espejo.
Un microrrelato de Ana Muñoz Cubero. 

Así comenzábamos

Un dragón tras mi ventana

Una vez intenté luchar contra un dragón, este inmenso animal me dio un zarpazo con su cola y quedé herida. En meses me cobijé en el silen...