viernes, 31 de enero de 2014

El pianista

A pesar de las prisas, no llegó a tiempo de coger el tren. De nada sirvió invitar al taxista a sobrepasar los límites de velocidad a cambio de una buena propina. Bajó las escaleras mecánicas de la estación y el tren se perdía en la distancia. Era el signo de su vida, su sello, su carácter; llegar tarde a todos sitios. Se retrasó incluso en su cita con la vida puesto que nació diez días después de la fecha prevista. No vio nacer a su hija por causas de los minutos que por descuidos, encuentros y azares hicieron que perdiera un avión de regreso a casa después de una dura semana de negociaciones con la central de su empresa. Faltaban horas para la salida de un nuevo AVE y de repente pensó, se acabaron las horas, los plazos, los tiempos, las citas, el deambular por aeropuertos y estaciones y las cansinas llamadas. Se aflojó la corbata, se quitó la chaqueta pidió un gin tonic en la cafetería más próxima, cogió el periódico y retomó su costumbre de empezar a leer de atrás hacia adelante, de la última página al principio. Encontró aquel anuncio. "Se busca pianista para club nocturno". Y, cambio su vida. 
Un microrrelato de Ana Muñoz Cubero.

domingo, 19 de enero de 2014

Ángel

¿Qué sientes dentro de esa cabecita tuya de hermoso y brillante cabello castaño? ¿Qué ves con esos ojazos de profunda felicidad callada? ¿Oyes el sonido de los coches al pasar una y otra vez por esta céntrica calle? Detrás de tu risa, de tu silencio, estoy seguro que hay paz; una paz inmensa. Creces y avanzas lento tras duras sesiones de terapias y se agrandan tus manitas y tus hermosos pies. Yo vigilo cada centímetro nuevo de tu cuerpo y me dedico a mirarte en tus plácidos sueños. Siempre me digo, éste ángel ¿entenderá mis largas charlas, los razonamientos que hago ante sus oídos? No sé, no sé... Lo único que sé, es que llenas mi vida con esta divina presencia y que siempre, hermano, siempre me tendrás a tu lado; que yo seré tus ojos, tus piernas, tus manos y tu corazón cuando te haga falta. 

Dedicado a quienes viven en un mundo distinto al nuestro y a sus entregados cuidadores.

Un microrrelato de Ana Muñoz Cubero.

miércoles, 15 de enero de 2014

Esperanza

La resistencia se hace fuerte, atrincherada en cloacas pestilentes. Sabía a ciencia cierta que aquel hombre era la encarnación de la mentira, el espíritu de un ocaso negro e incierto, donde cada uno de sus poros ardían rebosantes de ingratitud. Sumisión y derrota son ahora sus directrices, acompañado de un largo etcétera de desdichas, ecos y derrumbes. Una vez instalado en la más absoluta de las soledades, en la cúspide de la estulticia, amparado por la masa inmisericorde y desagradecida emprendió su cometido y envolvió la esperanza ya muy débil, raquítica y herida de muerte, sepultada para siempre entre las tinieblas y ahora más que nunca invocamos a lo más profundo del ser, donde alguna vez germinó la semilla incipiente de un proyecto de alma. Que desde allí alcance la lucidez casi irreverente de devolvernos la confianza por fin y de una vez dote de significado coherente y veraz a la esperanza.
Un microrrelato de Maica Conzález Serrano

miércoles, 8 de enero de 2014

La conquista del paraíso?

Caminando llegó por un sendero estrecho a una inmensa llanura, ¿desolada?, ¿infinita?, tal vez sencilla pero poco estimulante, pensó. La tarde caía y brillaban las primeras estrellas que le acompañarían en una noche de desvelo a cielo descubierto. Sin más mapas ni coordenadas que el instinto, caminar tantos días y tantas noches tendría que deparar un resultado de éxito. Lo que no sabía era que a pesar de las advertencias, a pesar del nebuloso sueño de la conquista del paraíso, se toparía, sin remedio, antes de llegar a la nueva tierra prometida, con miles de metros de alambradas, adornadas de un modo macabro con hirientes y degradantes cuchillas donde dentellarse la piel, era sí o sí, un trámite a cumplir. ¡El precio del progreso!, suspiró. Lo intentaré cuando el miedo remita y el corazón palpite lento.

Un microrrelato de Ana Muñoz Cubero.

Así comenzábamos

Un dragón tras mi ventana

Una vez intenté luchar contra un dragón, este inmenso animal me dio un zarpazo con su cola y quedé herida. En meses me cobijé en el silen...