jueves, 11 de mayo de 2017

Micros, micros

Al despertar los párpados le pesaban y es que, durante la noche soñó a plomo con que rasgaba la densa venda de la justicia.

Fue tan humilde, tan prudente que no quiso firmar sus Obras Completas. En su lápida consta: aquí yace El Anónimo. 

Sin miedo hizo de diana humana cada noche pero cuando a su fiel tirador de cuchillos le detectaron Parkinson, huyó sin tregua. 

Su carrera fue meteórica de presidente de juventudes llegó a coronar la cúspide de su partido. Pero... hoy reside entre rejas.

El niño dejó de querer las caricias de la madre. Día a día oía sus mismas consignas pero de noche soñaba con las manos de Eva.

Los personajes instalados en su cabeza trituraban sin piedad sus pensamientos. Lavó su pelo pero eran huéspedes infinitos.

Obsesionado por el tiempo y su elasticidad logró zambullirse en el gran reloj de arena y en segundos una espiral se lo tragó. 

¿Papá, puedo tener una estrella? Su padre lo miró con inusitada ternura. Ya la tienes hijo, mamá actúa cada noche para ti.

Estaba de siesta en la tarde. Sonó el timbre, abrió y se dio de bruces con su cara. Era su yo que se había escapado del sueño.


Microrrelatos participantes en El IV Certamen de Tuitrelatos de Hortanoticias. #tuitrelatoHN

Imaginario

Imaginario
El tiempo y las palabras ayudan a entendernos